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¿Y si llegar tarde no fuera solo tu problema?

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Hoy venía en el bus camino al trabajo. De repente, el conductor se detuvo para esperar a un pasajero que, aunque había comprado su tiquete desde la terminal, no estaba aún en la parada. La espera se prolongó varios minutos, y poco a poco el ambiente en el bus comenzó a tornarse tenso: muchos íbamos con el tiempo justo para llegar a nuestras responsabilidades. Finalmente, el pasajero apareció caminando con calma, incluso riendo, como si nada. Y fue en ese momento que lo pensé: tal vez para él llegar tarde no significaba gran cosa, pero su impuntualidad nos afectó a todos. A veces olvidamos que nuestras acciones tienen consecuencias más allá de nosotros. Ser responsables también implica pensar en los demás, en cómo nuestras decisiones pueden impactar sus vidas, su tiempo y su ánimo. “La puntualidad no solo honra tu tiempo, sino también el de quienes Dios pone en tu camino. Ser puntual es un acto silencioso de respeto, humildad y amor al prójimo.”